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lunes, 22 de octubre de 2012

REFLEXIONES SOBRE EDUCACIÓN LO SUSTANCIAL Y LO ACCESORIO (I)



         Desde hace meses la educación ha pasado a ocupar cabeceras en los periódicos de nuestro país, ¿significa esto que este asunto se ha convertido en motivo central de un debate a fondo y en una preocupación genuina de la sociedad?

         La respuesta, desgraciadamente, es negativa; de hecho las razones por las que aparece “bajo foco” son ahora, como en la mayor parte de las ocasiones anteriores, episódicas –los exabruptos del ministro Wert– o circunstanciales (pese a su importancia) –los recortes.

Las razones profundas del fracaso de la educación en nuestro país apenas se abordan y, en cualquier caso, quedan aplastadas por el ruido generado por esas dos Españas que dirimen a “garrotazos y descalificaciones” o con cambios continuados de las leyes educativas sus diferencias. Permanece, así, en la sombra lo sustancial.

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Pese a los casi cuarenta años de democracia hay una serie de contenciosos que no hemos sido capaces de superar y entre ellos se encuentra el de la articulación de un sistema educativo consensuado: ¿cuales son las razones de esta incapacidad que parece congénita? ¿con qué escollo topamos una y otra vez?

Una mirada retrospectiva quizás nos ayude a entender el asunto.

El tránsito de la Dictadura a la democracia fue producto de un pacto entre los poderes fácticos de la Dictadura y las emergentes organizaciones de la oposición antifranquista y, como todo pacto, exigió concesiones mutuas –¡también en educación!

Conviene recordar que durante cuarenta años la Iglesia recibió, por su apoyo decisivo al Alzamiento y posterior Cruzada, un trato de favor y privilegio considerables y que a ella se le encomendó un papel esencial en la educación –esta sí, de adoctrinamiento profundo– de las élites del país. Las distintas órdenes religiosas se convirtieron, así, en patronales del sector hasta el punto de considerar la educación como esfera de su patrimonio.

 

El ascenso del partido socialista al poder fue esencial para iniciar el paso a la modernidad que nuestro país necesitaba y a esa tarea se dedicó, con éxito en muchos casos y con algún que otro fracaso en otros –los claroscuros son propios de toda acción humana, mucho más en la política, y claroscuros encontramos en el asunto que nos ocupa: la educación.

La Iglesia, consciente de la pérdida de la hegemonía de la que había disfrutado durante la Dictadura y sin hacer ningún acto de contricción por ello, comenzó a jugar sus cartas y pasó a abanderar –¡se necesita cinismo!– la defensa de la libertad de enseñanza; amparada por los infames Acuerdos con la Santa Sede y protegida por un sector apreciable de una población de flaca memoria y de una derecha escasamente laica, consiguió una cuota apreciable de control educativo a través de los conciertos de los centros privados y el mantenimiento del estatus privilegiado de la Religión en el currículo educativo general. 

La ideología católica permaneció, así, enquistada en la estructura del sistema educativo y la laicidad perdió la batalla no sólo en este ámbito sino, también, en el espacio civil –¿tiene, acaso, sentido esa omnipresencia de símbolos religiosos en las tomas de posesión de los cargos políticos, la ocupación reiterada de las zonas públicas por procesiones y demás rituales católicos o la inevitable participación de curas en las aperturas e inauguraciones de obras civiles?– y, al igual que en las “guerras de trincheras”, ocupada una posición, no es sencillo desalojarla.

 

De ahí que todos los intentos por modificar el statu quo sean presentados a la sociedad, por aquellos que son el ejemplo más palmario de ideologización, como ideológicos –su defensa de la adoctrinadora asignatura de Religión en la escuela y su oposición a asignaturas como Educación para la Ciudadanía o Ciencias para el Mundo Contemporáneo son claras muestras de esta actitud.

El claro respaldo del ministro Wert a la Iglesia en estos temas resulta inquietante y parece augurar no sólo un debilitamiento de la laicidad en la escuela sino una ofensiva religiosa, ¡claramente ideológica!, para recuperar o ampliar zonas de influencia.

jueves, 4 de octubre de 2012

¿EDUCAR DE OTRO MODO?: LA RED COMO MEMORIA COMPLEMENTARIA



Hace unos días discutía con varios amigos, no recuerdo sobre qué asunto, cuando, en un determinado momento, uno de ellos tiró de Iphone y previa consulta en la Red aportó los datos que neecesitábamos para proseguir el debate; alertado por ello pude comprobar que en más de una tertulia civilizada alguno de los participantes hacía uso de similar artefacto.

Me pareció que, cada vez más, la utilización de esta memoria adicional va a formar parte, si no lo hace ya, de la vida cotidiana y del quehacer de muchísimos ciudadanos.

Pienso que la escuela tendría que adiestrar a los alumnos en el manejo de esta ingente cantidad de información y que las disciplinas que en aquella se imparten deben hacer uso de esa memoria extendida -pues de eso se trata.

jueves, 7 de abril de 2011

ALGUNA VEZ HABRÁ QUE HABLAR DE ELLO: ¿QUÉ HACER CON LOS "LISTOS"?

Esperanza Aguirre ha conseguido poner de actualidad un asunto al que, desgraciadamente, por una visión simplista y, a mi juicio, errónea, apenas se le ha dedicado tiempo: ¿qué hacer con los alumnos destacados?

Recuerdo que, durante mi época como docente y después de una experiencia educativa en USA, traté de introducir en el centro en que trabajaba, el IES Rafael Arozarena, aprovechando la fiebre de la optatividad que aquejó a nuestro sistema durante un tiempo, un itinerario de excelencia a lo largo del Bachillerato. El intento se saldó con un fracaso y mi prestigio como vieja referencia de la izquierda quedó seriamente dañado; soplaban entonces poderosos vientos integradores en los que se ocultaba un castrante igualitarismo que ha hecho muy poco por la calidad de la enseñanza y durante años se ha penalizado a los que tenían mayor capacidad intelectual.

Obsesionados por extender la educación a todos -una actitud, sin duda, encomiable- se ha intentado, al tiempo, negar una realidad -la diferencia de capacidad intelectual de los alumnos- sacrificando la calidad: los contenidos -fuente de dificultad- se han dulcificado para "proteger a los desfavorecidos" y se ha acabado "vendiendo humo".

Negar la mediocridad del sistema educativo recuerda otras negativas -¡la de la crisis económica!- de infausto recuerdo y despachar con el calificativo de "ocurrencia" la imiciativa de la Presidenta de la Comunidad Madrileña es eludir el problema que la sustancia: el de la excelencia.

Quedó arrumbada en el basurero de la historia aquella vieja máxima, del también viejo Marx , "A cada cual segun sus necesidades, de cada cual según sus capacidades" ¡Quizás sea tiempo de recuperarla!




jueves, 9 de diciembre de 2010

DE EDUCACIÓN VII: VERBORREA FRENTE A RESULTADOS



Ya se han hecho públicos los resultados del Informe PISA sobre la educación en el mundo; es, por tanto, posible medir la distancia que separa la verborrea de los responsables (???) de la política educativa de la cruda realidad de la educación.

Constatamos, así, que nuestro país aparece alejadísimo de los niveles de excelencia, por debajo de la media de la OCDE -los países de nuestro entorno- y que nuestra comunidad, Canarias, ocupa los últimos lugares -sólo supera a Ceuta y Melilla, comunidades estas con una problemática especial-  en todas las áreas sometidas a escrutinio (comprensión lectora y competencias en  matemáticas y ciencias) dentro de España.


¿Y ahora qué? ¿Qué explicaciones urdirá la titular de educación para transferir  responsabilidades a los demás y eludir las propias? ¿Qué dirá nuestro Presidente Autonómico? ¿Cómo defenderán una gestión que arroja un saldo tan pobre y negativo? ¿Cuáles son las razones que explican este retraso de nuestra Comunidad? ¿Cómo solventarlo?

Los interrogantes anteriores son de diversa índole y las respuestas a los mismos, también -unas exigen acciones inmediatas y otras requieren más tiempo-; la urgencia en abordarlas es, en todo caso, imprescindible.

Vaya a continuación una primera aproximación al tema.

Para empezar, parece evidente que, ante un panorama como el que este informe pone ante nuestros ojos -constatación evidente del fracaso de una gestión-, sólo cabría esperar la renuncia, voluntaria o forzada, de al menos la responsable máxima de la educación en la Comunidad.

No parece, sin embargo, a la vista de las primeras reacciones del establisment educativo por boca del viceconsejero de educación, que se vayan a asumir responsabilidades. El señor Gonzalo Marrero, según publica la prensa, "cuestiona los resultados de la Evaluación Internacional de Estudiantes PISA de 2009 desde el punto de vista técnico". No hay nada más viejo que la utilización de cortinas -esta es la primera-, cortinas de humo, para tapar una realidad incómoda: el deplorable estado de la educación -y mucho más- en Canarias.

Añade además que "desde el punto de vista técnico (¡qué querrá decir con esto!) publicar un ranking no ayuda a la mejora del sistema educativo" - y eso es verdad pero sí sirve para, por un lado, dejar constancia de un "estado de la cuestión", por otro, para desenmascarar la palabrería hueca y vana y, sobre todo, para poner en evidencia la malísima gestión de la educación en Canarias.

Ya es hora de dejar de "escurrir el bulto" transfiriendo la culpa a otros y, también, tiempo de posponer para ocasiones más propicias las declaraciones grandilocuentes sobre "la sociedad de la información" y demás zarandajas -como las que achacan a los niveles de repetición de curso parte del fracaso (¡si repiten será porque no se alcanzan, siquiera, los mínimos exigidos!, mínimos, por otra parte, bajísimos)-.

Lo que ahora procede es acordar con los sectores implicados en la educación -sobre todo con un profesorado al que se le devuelva su dignidad y, así, reilusionado- la puesta en marcha de medidas de urgencia que deben venir marcadas por una política de cariz ilustrado, en la que la cultura y el conocimiento pasen a ocupar el papel central; medidas que, por otra parte, acepten que la sociedad canaria padece un deficit cultural acentuado, que hay que cubrir.

Precisamente este deficit cultural que arrastra la sociedad canaria y que afecta en mayor medida a los más desfavorecidos sólo puede combatirse desde la escuela y por ello hay que contar con el decidido compromiso de esta. ¿Ha sido esta la política desarrollada por la Consejería de Educación y por el Gobierno de Canarias o más bien ha sido el enfrentamiento, la desautorización y minusvaloración del profesorado la tónica imperante?

Habría que señalar objetivos claros, desburocratizar las tareas docentes y conferir a los Centros educativos mayor autonomía para desarrollar proyectos educativos dirigidos a aumentar el conocimiento y la capacidad crítica. Y, luego, ¡a valorarlos y a exigir las responsabilidades que procedan!

Hay que dejarse de contemplaciones con los "hooligans" y "disruptivos" que condicionan el sistema educativo y poner en valor  la máxima que  dice:  "perjudicar a la mayoría no es aceptable en ningún caso". Integrar, sí, pero marcando y aceptando límites y normas, respetando las reglas que hacen posible enseñar y aprender.

Volveremos sobre estos temas...

lunes, 1 de noviembre de 2010

DE EDUCACIÓN VI: Una tarea de titanes



En en artículo publicado recientemente me hacía eco, con cierta ironía, de las conclusiones a las que había llegado un grupo de expertos en educación. Señalaban estos que las claves del éxito del aprendizaje había que buscarlas, por un lado, en la disciplina, concentración y trabajo de las que hacían gala los alumnos y, por otro, en la autoridad docente de la que gozaban sus maestros y en la implicación de la familia -asumiendo el valor de la educación como factor de promoción social y, por ello o en paralelo a ello, invirtiendo tiempo en la ayuda a los hijos y dinero en las clases, si resultaba necesario.

Creo que lo que aquí se apunta como esencial para el "exito" en educación es acertado, aunque yo añadiría como elemento imprescindible -que en el estudio parecía darse por supuesto y quizás subsumido en el término "autoridad docente"- la motivación y preparación del profesorado; por ello, escribí entonces, sentía un profundo desasosiego al constatar lo alejado que se encuentra de todo ello la sociedad y la escuela española (¡y en mayor medida la canaria!).

Voy a tratar de sustanciar este alejamiento de un modo más concreto y explícito.

Comencemos por la escuela: disciplina, concentración y trabajo en el alumnado y autoridad docente -preparación, motivación y percepción de reconocimiento social- en el profesorado. ¿Es esto lo que encontramos en las aulas de nuestros centros educativos? Me atrevo a afirmar, sin reticencia alguna y sin temor a ser contradicho, que no. ¿Cuáles son las razones? Ya nos hemos ocupado de ello en ocasiones varias pero ayudará a arrojar algo más de luz mirar al espacio en que se sitúa la escuela: la sociedad.

Continuemos, pues, por ella: consideración de la educación como factor de promoción social e implicación de la familia en la tarea de aprendizaje de los hijos. ¿Son estos los ejes que definen la actitud de nuestra sociedad hacia la escuela? Me temo que tampoco.

Para detectar las corrientes, subterráneas o no, que mueven a la sociedad y así valorar el pulso cívico de esta, nada más apropiado que asomarse a la ventana catódica y contemplar el espectáculo que desde ella se nos ofrece -¡afirman sus rectores que guiados y presionados por nuestras preferencias y gustos!

Personajes deleznables elevados a la categoría de iconos, zafios tertulianos que no se escuchan y, a fuer de lo que vociferan, quizás tampoco se oyen, políticos que sobreactúan instalados en la descalificación del oponente y en la práctica de un relativismo (¿o cinismo?) moral que perdona y justifica los errores o sinvergonzerías propias, mientras condena sin paliativos las ajenas (¡aunque sean las mismas!), y comentaristas y creadores de opinión, totalmente identificados con una u otra opción política, de los que no cabe esperar objetividad ni independencia alguna.

Sustitución, en suma, de la idea de que la educación es un factor esencial de promoción y reconocimiento social mediante la que podemos "hacernos libres" por otra concepción en la que no sólo se enaltece el enriquecimiento -de cualquier modo- como el camino más adecuado para alcanzar el éxito, sino en la que además se premia, elevándolas a signo distintivo de la libertad de expresión, la zafiedad y la desconsideración al otro.

Si estos son en realidad nuestras inclinaciones y preferencias, como se empeñan en afirmar los que regentan los medios, desde los que -nos guste o no- se conforma  en gran medida la opinión y el comportamiento cívico y si a ello se añade la tarea de erosión a la que se ha sometido a la enseñanza y a sus actores principales -los profesores-, pocas perspectivas de regeneración tenemos. 

En estos días se ha celebrado una manifestación en Defensa de la Enseñanza Pública que nos hace concebir ciertas esperanzas, porque muestra que el espíritu de resistencia frente a la inepcia y pasividad de nuestras autoridades educativas y a la indiferencia de una sociedad insuficientemente vertebrada, sigue vivo.¡Confiemos en que no se trate de un simple espejismo!


miércoles, 27 de octubre de 2010

DE EDUCACIÓN V: ¡Así cualquiera, estudiando y trabajando yo también aprendo!



Con bastante frecuencia me sorprenden noticias sobre los últimos "hallazgos" en educación; los más recientes acabo de encontrarlos en una referencia, publicada en el País Digital,  a un Informe sobre resultados y actitudes en Matemáticas. Se señala allí que tras un encuentro de expertos de distintas zonas geográficas y culturales del mundo, en el que se  comparó la situación educativa en diversos países, acabó concluyéndose que: El "éxito" (se refiere al de los países asiáticos) reside en dos claves -el nivel de disciplina y concentración de los alumnos y el trabajo que realizan después de clase. ¡Qué descubrimiento! 

No satisfechos con lo anterior el artículo continúa en los siguientes términos: Por primera vez se han propuesto factores culturales como posible explicación tanto de los resultados como de las actitudes mostradas. Entre ellas el valor de la disciplina, de la autoridad docente y de la educación como factor de promoción social...  A ello se añade más adelante, [...] La importancia que concede la familia al aprendizaje escolar. Los padres ayudan a sus hijos en las tareas e invierten dinero en clases.

Al margen de lo extraño que me resulta que se considere lo anterior como un "hallazgo" para explicar el éxito educativo, sí me produce un enorme desasosiego constatar la escasa importancia que concede la sociedad española a este conjunto de factores y lo alejadas que están las actitudes del alumnado español -¡y no digamos canario!- de las que aparecen asociadas al éxito en el aprendizaje: disciplina, concentración y trabajo.

Cómo diría aquél: ¡Así cualquiera, estudiando y trabajando yo también aprendo!    

domingo, 24 de octubre de 2010

DE EDUCACIÓN IV: ¡Es necesario recuperar el activismo!



La escuela ha sido siempre un espacio en el que se han desarrollado prácticas de socialización -de "saber estar en compañía"-  junto a otras cuya finalidad última ha sido la formación. Del equilibrio de ambas depende el éxito de la apasionante tarea educativa.

En anteriores artículos he tenido ocasión de señalar que los cambios sustanciales sufridos por la sociedad española en las últimas décadas han obligado a la escuela -como no podía ser de otro modo- a transformarse. Estimo que ya existe perspectiva suficiente para abrir un debate reflexivo sobre el acierto o desacierto de algunas de las respuestas a esa transformación que los tiempos han exigido y exigen.

Creo que está fuera de toda duda que, hasta ahora, el énfasis de la reforma educativa emprendida básicamente por el Partido Socialista ha estado puesto en la necesaria socialización, en la imprescindible construcción de una ciudadanía acorde a una sociedad democrática. He utilizado las palabras, necesaria e imprescindible, porque estimo que las mutaciones producidas en nuestro país, así como nuestra historia predemocrática, exigían adaptaciones profundas e inaplazables de nuestro ordenamiento educativo; ahora bien, admitir la pertinencia de la tarea no implica, sin embargo, el acierto de las medidas puestas en práctica y así, aunque muchas de ellas fueron atinadas -la democratización de los Centros, la generalización de la educación y la obligatoriedad hasta los 16 años-, otras, en cambio, no dieron en la diana -la confusión entre tolerancia y permisividad, la burocratización de la tarea de enseñar ahogando al profesor en papeles y reuniones estériles-, algunas fueron contraproducentes -la errática política de promoción de cursos, el relajamiento de la disciplina, el olvido de la cultura del esfuerzo y la conversión de los centros educativos en zonas de estabulación- y de otras no se quiso ni siquiera hablar -la introducción de la laicidad en la escuela.

Las acciones humanas y en mayor medida las conquistas sociales por considerables e importantes que hayan sido ,¡ya han sido! y pertenecen por tanto al pasado; pasan así a ser asimiladas y parece que siempre han formado del paisaje social; nos adaptamos a ellas, olvidamos lo que ha costado conseguirlas, las hacemos nuestras y pierden atractivo y valor. Nos incomoda, en cambio, lo que no alcanzamos o lo que, perteneciendo a otro contexto, hemos perdido - ¡y en educación sentimos que es mucho!- y se instala en nosotros un profundo malestar.

¿Cuál es, en suma, el balance global de este proceso de reforma educativa?  ¿Se ha saldado con éxito esta apuesta? ¿Ha sido suficientemente entendida por la comunidad educativa y más en concreto por los profesores, actores imprescindible y encargados de articular y gestionar esa reforma? ¿Era necesario sacrificar para ello, como sin duda se ha hecho, el estímulo y la exigencia académica descompensando, así, el fiel de una balanza que debía mantener un equilibrio entre socialización y formación? ¿Está la escuela preparada para afrontar los retos de la sociedad del siglo XXI? ¿Hay en la sociedad sensibilidad suficiente sobre este asunto en el que nos jugamos el futuro?

Debo confesar que mi respuesta a estos interrogantes es sustancialmente negativa porque, por un lado y  a pesar de los avances producidos en algunas áreas, los estragos provocados en el cuerpo del sistema educativo  -cuyo reflejo más evidente, y preocupante es la desmoralización del profesorado- han sido demasiado profundos y, por otro, la altura de miras de nuestros representantes políticos -¡salvo excepciones!- brilla por su ausencia; si a ello añadimos el encanallamiento de gran parte de los medios de comunicación de masas, que conspiran contra cualquier iniciativa mínimamente ilustrada, y la endeblez de nuestra sociedad civil no es extraño que nos mostremos poco inclinados al optimismo.

Resulta así penoso constatar que, en un primer momento, en los inicios de la democracia, la enseñanza pública adquirió un merecido prestigio que, poco a poco, a medida que avanzaban unas políticas de integración bienintencionadas pero insuficientemente meditadas -transfiriéndose a la escuela, sin medir y controlar sus efectos, tareas reservadas con anterioridad a la familia y alentándose prácticas que no sólo no penalizaban sino que favorecían la irresponsabilidad personal bajo la capa de reforzar la autoestima de los alumnos- y se relegaba a un plano subalterno el trabajo de formación -al parecer y decir de la tropa de psicólogos y orientadores que invadieron los centros educativos, fuente inagotable de incontables frustraciones- fue perdiendo fuelle hasta instalarse en el desprestigio y bajo tono actuales.

¿Qué hacer?

Hace un cierto tiempo que pienso que esta crisis que nos devuelve a la realidad es, quizás, un buen momento para recuperar el activismo, para desplegar banderas -como la reivindicación de la cultura del esfuerzo o la necesaria aceptación de la diferencia entre igualdad de oportunidades y desigualdad de aprovechamiento y recompensa- que, en la ya concluída época de despilfarro y frivolidad, parecían apolilladas, fuera de lugar.

Soy consciente, no obstante, de que se necesita una referencia política que ampare esta batalla para recuperar el prestigio y bien hacer de la enseñanza pública. Batalla que exige el compromiso de los profesores -sin cuyo concurso no hay cambio posible. ¿Hay alguna formación política que coloque en el centro de su discurso educativo la puesta en valor del profesorado? Me temo que no.

Me ha sorprendido positivamente, sin embargo, la iniciativa auspiciada por el actual ministro del ramo, Ángel Gabilondo, de impulsar un gran "Pacto Social y Político por la Educación"; creo que apunta en la buena dirección y estimo que ni se ha valorado suficientemente su importancia ni, tampoco, parece haber calado mínimamente en el seno de la comunidad educativa que "echa de menos"  el reconocimiento explícito, por parte del titular del Ministerio de Educación, de los fallos de la política educativa socialista -¡se lo debe sobre todo a los profesores que han tenido que timonearla y a los que ahora necesita para cambiar de rumbo!

En su Preámbulo se hace mención explícita a los dos polos entre los cuales se debe mover la acción educativa: Estrechamente vinculados a estos principios - de equidad y excelencia-, hay que situar el diseño de la educación inclusiva, intercultural y plural que demanda nuestra sociedad. En el siglo XXI, el sistema educativo ha de ser de todos y para todos. Cualquier posicionamiento que se distancie de esta realidad social estaría abocado, cuando menos, a la incomprensión de los ciudadanos.

La cultura del trabajo, el esfuerzo y el respeto son valores en los que es preciso insistir. Los diferentes niveles educativos han de tener presente esta cultura y, a través de ella, persuadir a nuestros niños y jóvenes de su importancia, de su necesidad, de su indiscutible reflejo en los resultados finales. Pero hemos de ser conscientes que el esfuerzo del alumnado es un requisito necesario pero no suficiente, es imprescindible el esfuerzo de todos los agentes que, de hecho, intervienen en la educación de los más jóvenes para la consecución de objetivos educativos ambiciosos.

A continuación señala, sin ambigüedad alguna, el papel esencial que tienen los actores centrales del éxito o fracaso de esta empresa: Todo ello requiere que, en el corazón del Pacto Social y Político por la Educación, estén sus principales actores: el alumnado, sus familias y el profesorado, sin olvidar el papel del personal de administración y servicios de los centros y sus titulares. Nada resultará posible sin su concurso, sin su experiencia, sin su participación. 

La lectura de las "razones" por las que el Partido Popular rechaza suscribir el Pacto muestran, una vez más, lo que es práctica habitual entre contendientes políticos en nuestro país: acentuar lo que separa y minusvalorar lo que une.

¿Está justificado posponer unas acciones urgentes en las que hay coincidencia y rechazar el todo porque no se coincide en algunos extremos?

Seguiremos informando...




 

viernes, 15 de octubre de 2010

DE EDUCACIÓN III



Recientemente he leído un artículo muy interesante, del que incluyo al final de este comentario un enlace, sobre las últimas iniciativas puestas en vigor por la Consejería de Educación del Gobierno de Canarias a propósito de las sustituciones de profesores en los centros educativos.

Estas iniciativas son una nueva muestra de la distancia que existe entre la retórica de nuestras autoridades autonómicas -"hay que invertir en formación, apostar por la innovación y eso se resume en pocas palabras, educación, educación y educación"- y las medidas que adoptan: recortes en inversión educativa y normas que desprestigian y empobrecen la enseñanza pública.

Para cualquier observador de la realidad educativa canaria, la gestión de la titular de la Consejería responsable ha sido, desde el punto de vista que interesa a la sociedad -la mejora del sistema educativo-, un fracaso sin paliativos. Un índice claro de este fracaso es el desánimo, el malestar y la ira contenida que se respira entre el profesorado que no sólo no ha encontrado, en esta época de mutaciones profundas a las que ya nos hemos referido en artículos anteriores De educación y "chivos expiatorios" y De educación II,  apoyo en sus rectores sino que, por el contrario, ha percibido desprecio por su labor.

¿Cómo va a cambiarse un sistema productivo de bajísimo nivel y un sistema educativo con los niveles de fracaso escolar más altos de España si no se cuenta con la implicación de los que tienen que ser sus actores principales? ¿Cómo acometer una tarea urgente y esencial para nuestro futuro inmediato y a medio y largo plazo si quien diseña y planifica no cree en la capacidad de los que tienen que realizarla?

¡Es hora ya de cambiar de gestores! El crédito lo han dilapidado con creces.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

DE EDUCACIÓN II

En una entrega anterior con el título De educación y de "chivos expiatorios", hablábamos, entre otros asuntos, de la cuota de responsabilidad de la Administración Educativa en el proceso de deterioro sufrido por la enseñanza en nuestro país. Voy a intentar, en lo que sigue, sustanciar dicha cuota.

¿Cómo han respondido los poderes públicos a los retos de una educación democrática? ¿Sobre qué ejes se ha articulado el cambio de la educación para pasar desde un sistema autoritario y dirigista a otro democrático y de mayor consenso? ¿Cómo se han gestionado los cambios profundos que en este tiempo se han producido en la sociedad española?

Es innegable que la estructura organizativa de los Centros educativos se ha democratizado y los órganos de dirección han dejado de ser nombrados a "dedo" para ser elegidos por los Claustros y Consejos Escolares; también es cierto que se ha estimulado, a través de sus organizaciones y de estos últimos, la participación de padres y alumnos. Y, por encima de todo, se ha acometido un proceso, ya irreversible, de extensión generalizada de la enseñanza a todos los niveles y de su obligatoriedad hasta los 16 años. Asuntos, todos ellos, abordados desde una óptica de progreso y avance social. Otros, como por ejemplo la enseñanza de la Religión, no han recibido en cambio una solución satisfactoria -¡el peso de la Iglesia es demasiado grande!

Todas estas actuaciones se han desarrollado con el telón de fondo de una sociedad en la que también se han producido cambios considerables, que enumerábamos en el citado artículo y entre los que, por su repercusión sobre la escuela, destacan los que tienen como protagonista a la institución familiar, mutada de raíz por la incorporación de la mujer al trabajo y su creciente autonomía, por la nueva arquitectura de las relaciones paterno-filiales y por la diversidad de formas que el núcleo familiar ha adoptado, desbordada por los nuevos retos de una sociedad más abierta e incapaz de cumplir, en algunos casos, tareas educativas básicas. A este panorama se añade la visibilidad que han adquirido ciertos sectores de la población, ahora incorporados al sistema -¡y antes invisibles por marginados!-, como consecuencia de la extensión y la obligatoriedad de la enseñanza.  

Estas mutaciones, como no podía ser de otro modo, han generado múltiples convulsiones en el sistema educativo que la Administración se ha encargado de acentuar al primar los aspectos asistenciales e integradores en detrimento de los que tienen como núcleo la transmisión y adquisición de conocimientos. ¿Era posible actuar de otro modo?

Creemos que sí, sobre todo porque estas acciones se han revestido de un ropaje y una fraseología hueca y mendaz -la fraseología de la Logse- con los que se ha intentado "vender" el mundo idílico de una reforma impecable escondiendo las "trampas" que encierra.

Sin ánimo de ser exhaustivo listamos a continuación alguna de ellas: 
  • Igualitarismo a la baja, reduciendo a su mínima expresión los contenidos
  • Desnaturalización de la necesaria relación desigual entre profesores y alumnos y deterioro del clima en el que se tiene lugar el proceso de enseñanza y aprendizaje  
  • Diseño de procedimientos de evaluación que  adulteran y falsean el nivel de los conocimientos adquiridos
  • Mecanismos de promoción de curso que reducen el fracaso escolar por la simple vía de negarlo
  • Presión sobre los profesores para que el "balance de resultados" sea aceptable
  • Reconversión de los centros educativos cuyo eje era la formación en centros asistenciales que giran en torno a la socialización
El peaje que se ha tenido que pagar por esta política falsamente integradora ha sido considerable y sus víctimas de mayor relevancia -por el papel esencial que juegan en el proceso educativo- han sido los profesores, soldados que libran la batalla en primera línea sometidos al "fuego amigo" de una Administración Educativa que no los apoya y al "fuego hostil" no sólo de unos padres que quieren que les solventen sus carencias -¡sin reconocerlas!- sino, también, de una sociedad que desprecia la tarea de los que enseñan. ¿Es extraño que esta profesión se haya convertido en "profesión de riesgo" y que cunda el desánimo entre las filas de los enseñantes?

Negro panorama el que se dibuja y escasas las perspectivas de que cambie el dibujo.

lunes, 20 de septiembre de 2010

DE EDUCACIÓN Y DE "CHIVOS EXPIATORIOS"

Mucho se ha escrito sobre el deterioro acelerado que la enseñanza ha sufrido en nuestro país desde la puesta en vigor de la denostada LOGSE y del aterrizaje paralelo de psicólogos y pedagogos tanto en los centros de decisión de la política educativa como en los centros de aplicación concreta de esta política -las escuelas e Institutos de Secundaria.

Se ha llegado, en algunos casos, a establecer una relación causa-efecto entre la vigencia de la citada ley y la escasa calidad de la enseñanza. El asunto, a mi juicio, es más complejo y considero que atribuir todos los males de la educación española a esa norma es una simplificación; no lo es, en cambio, asignarle la cuota de responsabilidad que le corresponde por su incapacidad para dar una respuesta adecuada a los retos planteados por la educación en la sociedad democrática que sucedió al franquismo. Voy a intentar, en lo que sigue, una primera aproximación a un asunto, el de la enseñanza, en la que nos jugamos mucho.

• Los cambios que ha experimentado la sociedad española desde el advenimiento de la democracia han sido considerables en todos los ámbitos -económico, social, político, etc.-; aquélla, la sociedad, se ha hecho más compleja y por tanto nos exige a los que vivimos en ella -y en consecuencia a los gobernantes- mayor capacidad para entender y lidiar con los problemas que se presentan. ¿Hemos estado a la "altura de las circunstancias?

• Una de las mutaciones de mayor impacto ha tenido lugar en el seno de la institución familiar que se ha visto alterada y modificada, entre otras causas, por la incorporación de la mujer al trabajo y su creciente autonomía, por la nueva arquitectura de las relaciones paterno-filiales y por la diversidad de formas que el núcleo familiar ha adoptado. Pensar que esta revolución no iba a cambiar el papel que esta institución tiene como elemento educativo y que ello no iba a afectar a los otros ámbitos donde también se desarrolla la actividad de enseñanza y aprendizaje es algo más que una ingenuidad. De hecho las dificultades para seguir ocupándose "de cerca" de los hijos han obligado no sólo a buscar alternativas diversas para rellenar el ocio de los vástagos sino, también, a delegar en otras instituciones -en particular en la escuela- tareas que antes se acometían en la vieja célula familiar.

• Por otra parte, la eclosión de la libertad no sólo ha diversificado los mensajes sino que, al eliminar la pauta única -las órdenes, la reglamentación-, nos ha convertido en responsables de nuestras elecciones. Es esto último lo que no parece estar plenamente asumido y de ahí el auge tanto del victimismo como de la culpabilización de los "otros" -políticos, profesores, médicos, abogados, funcionarios, sindicalistas, etc.- cuando "pintan bastos".

• Esta actitud de elusión de responsabilidades se ha visto, en cierto modo, alentada desde las esferas de poder que, con un discurso pretendidamente progresista, han asumido como indiscutible un tosco determinismo social que reduce a su mínima expresión la capacidad para actuar del sujeto -al que se disculpa, tolera y comprende una amplia muestra de comportamientos incívicos e inadecuados.

• Una etapa de dinamismo económico -basada como ahora sabemos en cimientos de escasa solidez- ha alterado estructuras arcaicas -¡cuasi feudales en nuestras islas!- dando visibilidad a franjas de población hasta entonces invisibles. Alentados por un sistema de mercado que prometía enriquecimiento fácil y rápido, la formación se ha visto como algo prescindible, demasiado pesado y lento. La educación no ha estado, así, pese a su gratuidad y obligatoriedad, a su democratización, en el centro del escenario; de hecho, se la ha percibido, desde sectores con escasa tradición ilustrada, como "una pérdida de tiempo" -han proliferado, así, los inadaptados del sistema, los "disruptivos".

• El rechazo radical a una educación nacionalcatólica, autoritaria, distante y represiva -marca de fábrica del franquismo- ha generado en el ámbito de la escuela, pero también en el de la familia, identificaciones y actitudes simplistas. Se han confundido papeles y funciones y muchos profesores y padres han pretendido convertirse en "colegas" de alumnos e hijos -¡como si eso fuera posible sin coste alguno!

• Democratizar y extender la enseñanza así como ocuparse en la escuela de funciones asistenciales que antes se resolvían en el seno del núcleo familiar, ha conllevado poner el acento en cuestiones ajenas a la transmisión y adquisición de conocimientos -los contenidos se han "dulcificado" perdiendo protagonismo frente a otros objetivos más etéreos -basta recordar los intentos de sustituir las claras calificaciones numéricas que sostenían al Sobresaliente, Notable, Aprobado, Suspenso o Muy Deficiente, por las melifluas notas de los "Progresa adecuadamente" o las ambiguas anotaciones literales, que maquillan una realidad desoladora.

No es extraño que, ante este cúmulo de modificaciones, el desconcierto se haya instalado en los centros educativos, como también lo ha hecho en la sociedad, y que esta última, incapaz de asumir la cuota de responsabilidad que le toca, haya buscado un chivo expiatorio en los protagonistas de la institución a la que ha transferido la solución a sus inquietudes: escuela y profesores están, pues, en el ojo del huracán. De los sinsabores de estos últimos nos ocuparemos en otra ocasión.

jueves, 12 de agosto de 2010

COMIC Y LECTURA




Hace unos momentos acabo de terminar de leer los datos del Informe PISA de 2009 en los que se ha evaluado la comprensión lectora de un amplio conjunto de países y regiones –España y sus comunidades entre ellos. Los resultados no son muy buenos para el conjunto de nuestro país y malos, sin paliativos, para Canarias –¡nada sorprendente, por otra parte!


En dicho Informe, de ahí este excurso, puede leerse: Una primera certeza que ofrece PISA desde 2000 es que la mejora del rendimiento lector de un alumno tiene un impacto indiscutible en su vida futura, tanto en sus oportunidades académicas como laborales. Una segunda conclusión asocia el rendimiento del alumnado con factores tales como el nivel de interés por la lectura, su tiempo libre dedicado a ella y la variedad de recursos y materiales que leen.


En PISA 2000, resultó mayor la correlación entre la competencia lectora y el compromiso con la lectura (que engloba actitudes, intereses y prácticas) que entre la competencia lectora y el estatua socio-económico. De ahí que se pueda sostener que una de las labores más eficaces que puede desarrollar un centro escolar es promover estrategias de lectura e interés hacia la misma por parte de los jóvenes, como una manera de disminuir la distancia entre las clases sociales. ¡Ahí es nada!

Me pareció interesante recuperar esta reflexión que ya colgué en mi blog hace unos meses.


POTENCIALIDADES EDUCATIVAS DEL COMIC


Pese a que el comic es un medio que ha estado presente, de una forma u otra, en la educación sentimental de casi todo el mundo, suele generalmente, llegada la "madurez" infravalorarse por infantil y, desde el mundo de la enseñanza, despreciarse como instrumento educativo.

Estas apreciaciones son, a nuestro juicio, injustas y miopes, no sólo porque en los comics y tebeos es posible encontrar una enorme cantidad de pistas sobre la sociedad en la que esos cuadernillos se editaron o se editan, sino porque, además, hay un comic “adulto” desde el que se abordan temas de enorme calado. Unos y otros pueden, así, utilizarse como elementos educativos de primera magnitud.

Por otra parte, desde hace unos años, además, los personajes del comic han pasado a ocupar un espacio importante en la industria audiovisual y sus héroes y superhéroes pueblan las pantallas de los televisores y los cines, formando parte también de la educación sentimental de nuestros hijos en unos casos y nuestros alumnos en otros: Superman, Batman, Spiderman, Asterix, Bluberry, El Zorro, El Fantasma, Tarzán, Dick Tracy, X-Men, la variopinta fauna de Sin City, Spirit, etc., son algunos de los personajes de un amplio muestrario. Cualquiera que pretenda educar de espaldas a esta realidad social está condenada al fracaso. Debe, pues, actuarse desde esa realidad y ayudar a entenderla críticamente.



A ello se añade que, en una época dominada por la cultura de la imagen, el formato de los comics, en el que se combinan imagen y texto, facilita la aproximación de los niños y jóvenes al mundo de lo literario, ayuda a la iniciación a la lectura, creando una cierta adicción, y posibilita el tránsito, a medio plazo, hacia escenarios más complejos: los libros.

Sugerimos, a continuación, diversos comics que contienen, a nuestro juicio, elementos más que suficientes para formar parte de una interesante biblioteca.


1.- Dos conflictos recientes de enorme trascendencia histórica –Palestina y los Balcanes– han sido abordados de forma ejemplar haciendo uso del lenguaje del comic: Palestina, en la franja de Gaza de Joe Sacco en el primer caso o Gorazde, zona protegida del mismo autor, Fábulas de Bosnia de Tomaz Lavric o Fax from Sarajevo de Joe Kubert en el segundo, son magníficos ejemplos de las potencialidades informativas, educativas y formativas que el medio ofrece. También han recibido una atención adecuada el ataque terrorista al World Trade Center -El Informe 11-S de Sid Jacobson y Ernie Colón o Sin la sombra de las torres de Art Spiegelmann- y la invasión de Irak.


2.- Las grandes guerras forman parte esencial de nuestra historia más reciente, por ello, entender los intereses en juego, las causas de las mismas y los efectos producidos no puede ser ajeno a cualquier proceso de formación cultural. Los datos, la información descarnada, es, a menudo, insuficiente; acercarse al horror de dramas de proporciones enormes exige dotarse de encarnadura a través de historias de hombres y mujeres. Es ahí donde la maestría de los autores de relatos y en particular de novelas gráficas adquiere su valor: Tardi es uno de ellos y sus historias de la Gran Guerra –La guerra de las trincheras, El soldado Varlot o ¡Puta guerra!– una fuente perturbadora de sensaciones.


3.- El horror del nazismo y las huellas que dejó en quienes lo padecieron de cerca ha sido objeto de la reflexión de filósofos y escritores de todo el mundo y numerosas obras guardan memoria de unos hechos que deseamos irrepetibles. El comic ha dado también una obra maestra, Maus, por la que su autor Art Spiegelmann recibió el Premio Pulitzer: su lectura, asfixiante a veces, permite desarrollar un amplio repertorio de posibilidades educativas. Son también dignas de mención la saga de Osama Tezuca, Adolf, y el relato Auschwitz de Pascal Croci.


4.- La historia más lejana –la oscura Edad Media, la colonización de la América Hispana, la frívola Francia de Luis XIV, la sórdida Inglaterra Victoriana, los tiempos de la Comuna, la conquista del Oeste, etc.– , tiene también en el mundo de los comics una amplia y dignísima representación. Los compañeros del crepúsculo, Las Torres de Bois-Marie, Las 7 vidas del gavilán, Desde el infierno o El grito del pueblo son una buena muestra de ello.

5.- Desde la óptica de los infantes el mundo en el que vivimos resulta, al menos, paradójico. Mafalda y Carlitos y Snoopy ofrecen una enorme gama de posibilidades para dar rienda suelta al contraste de opiniones y al debate.

6.- El opaco mundo del Islam ha sido abordado recientemente por una autora iraní Marja Satrapi en una novela gráfica con el título de Persépolis. Sus páginas, así como la película inspirada en ella, son un excelente medio para aproximarnos al otro.



7.- Nuestra reciente historia, y más en particular la Guerra Civil y la oscura etapa del franquismo, se ha visto reflejada en la grafía de dos autores de culto: Vittorio Guardino –No pasarán– y Carlos Giménez –Paracuellos.




8.- La aproximación de la historieta a la vida cotidiana –bien sea por la vía de la sátira a través de personajes caricaturescos (ejemplos claros los encontramos en los entrañables personajes de los cuadernillos de humor en la época dorada del tebeo español) o bién por la de un tratamiento más realista– tiene en el mundo del comic múltiples representantes. Uno de ellos es Arrugas de Paco Roca y otro El arte de volar en los que se abordan asuntos que van desde el compromiso político, la amistad y la ética hasta el problema del envejecimiento, la soledad y la muerte digna –temas todos ellos que permiten una reflexión en profundidad sobre la tan debatida cuestión de los valores.